miércoles, 27 de junio de 2012

¿Y si viene tu hijo diciéndote que…?

Nueve de la mañana de un día de inicios de septiembre. Comienza el curso. El niño, feliz. Su primer día de clase. La mochila llena de libros, de nuevas ilusiones, de ver a los antiguos compañeros y amigos y con ganas de conocer a otros nuevos… Y un netbook. Sí, ese que la asociación decidió que vendría bien para que todos los niños comenzaran a familiarizarse con la informática. Ves cómo entra en el colegio y te despide moviendo ambos brazos. Su primer día de clase tras las vacaciones…


Cinco de la tarde. Esperas a tu hijo en la salida junto a otros padres y madres. Has compartido con varios de ellos algún que otro tema relacionado con su educación y escuchado más de un chascarrillo sobre vacaciones de tal o cual. Lo de siempre. A estas alturas te vas a extrañar. Se oye un alboroto: los niños salen. Ha terminado su primer día de clase. Todos salen en tropel por las puertas del colegio. Unos saltan de tres en tres los escalones de la escalinata; algún otro de golpe, como queriendo demostrar que es el más fuerte o el que tiene más ganas de regresar a casa. De pronto, entre la marabunta, ves a tu hijo andar con paso cansado y gesto hundido. “¡Mal empezamos el curso!”, piensas nada más verle. El niño te mira y acaso trata de esbozar una sonrisa, mínima, mientras te agarra de la mano con desidia.

─ ¿Qué te pasa? ─preguntas para conocer su pesadumbre.

Tu hijo se encoge de hombros y menea la cabeza. “La cosa es preocupante, sí” piensas al ver su pesaroso gesto. La calle es un alboroto de gritos y ruidos de motores de coche que se alejan en decenas de direcciones. Tú sigues andando con tu hijo, que continúa meditabundo. Al fin, después de insistirle en un par de ocasiones más, suelta un lacónico:
─ El ordenador…─traga saliva antes de continuar─. “Sa” roto.

Cierras los ojos y aspiras el aire de un golpe, de sopetón, para expulsarlo con rapidez. Tu hijo, que se ha percatado, agacha aún más la cabeza. Sin embargo, lo retienes, piensas un segundo, dos, hasta tres, y lo sueltas con calma esbozando una sonrisa que turba al pequeño.

─ ¿Y está muy roto? ─inquieres con delicadeza.
─ La pantalla… Y un poco el teclado. Se me ha caído al suelo.

Noche en tu casa. Todos duermen menos tú. La televisión escupe las tonterías habituales mientras aprovechas la soledad para examinar el netbook de tu hijo. La pantalla está rajada y algunas teclas no responden. Lo revisas levantándolo con las dos manos tanto por arriba como por abajo. “Bueno ─piensas en silencio─, no sé otros padres, pero desde luego lo del seguro que nos ofrecieron a los de la AMPA en verano para los ordenadores no va a ser ninguna tontería…”.

Apagas la televisión y la luz y te vas a acostar. Tranquilo. Sabiendo que al día siguiente darás parte a la compañía de seguros que aseguró los portátiles de tu hijo y de sus compañeros. En unos días se lo repararán o, en caso de que el valor de la reparación sea superior al del equipo, tendrá uno de similares características.

Para todo lo demás, TeLoGarantizo.

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