jueves, 8 de noviembre de 2012

El Rincón de Argimiro: un viaje eléctrico

El que le pegó a mi compadre el Matías hará dos semanas. Un hacha cuando se pone, el amigo. Y todavía me dice que no sabe cómo está vivo. Que se salvó de milagro. ¡Hombre…! Os tengo que confesar que pelín exagerado, el amigo lo es. Pero de eso a que por culpa de una subida de tensión que le dejó sin móvil casi se va a ver a San Pedro… Que cómo fue. Así.



Mira que quiero a mi amigo el Matías, pero cuando se le pone la lengua caliente suelta barbaridades como puños. Solo digo que el año pasado, antes de que empezara la temporada de caza (es un gran amante de la caza, y aún a su edad se levanta los fines de semana para por a pegar tiros por esas tierras de Dios), dijo que iba a cazar, lo menos, 4.000 conejos. Ni que decir que cazó, como mucho, seis. Como mucho.

Total, que un día me llama todo alarmado y dice que ha vuelto a nacer. Asustado, le pregunto que qué le ha pasado. Entre jadeos me pide que vaya a su casa y que encienda un cirio a Santa Lucía (que se ve que es patrona de los electricistas y semejantes) por mantenerle con vida. Raudo y veloz acudo a su casa y el panorama que me encuentro es el siguiente: los aparatos electrónicos como el video (sí, aún tiene uno) o el DVD, parpadeando), un ligero olor a quemado… Y al Matías tirado en el sofá con un paño en la cabeza. Al verme llegar, se me abalanza y dice que es un milagro de Dios el que aún esté vivo. Atropelladamente me dice que fue conectar el móvil para cargarlo y aquello pegó un petardazo que dejó sin luz la casa, y a él le traspasó el cuerpo un haz de “protones de esos malos” (sic) que entró por el brazo mientras enchufaba el móvil para cargar.

Afortunadamente, por diversos avatares de la vida entiendo del asunto, y tras echar un vistazo al resto de electrodomésticos y el cuadro de la electricidad me di cuenta de que el Matías había puesto a la vez: la lavadora, el lavavajillas, la nevera, la TV y su correspondiente DVD. Lógico que se fuera la luz y al volver, cuando subió la palanca del cuadro de la electricidad, le pegara un viaje debido a una sobretensión, como evidenciaba el olor a quemado. De la que tardó en reponerse, por cierto. Aquella misma tarde acudió al centro de la tercera edad donde nos reunimos habitualmente los de la cuadrilla con la cabeza vendada, así como el brazo y la mano izquierdos. Y así estuvo como una semana o más, afirmando que era un superviviente y que había vuelto a nacer. Por cierto, el móvil dejó de existir aquella misma tarde. Se tuvo que comprar otro, no digo más.

En fin… Si a vosotros os pasa lo mismo y por una subida de tensión os quedáis sin móvil, que sepáis que en TeloGarantizo esta incidencia está cubierta. Os lo dice vuestro amigo Argimiro, el Garantizador.

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